Cuando la fe viste y occidente consume
¿Cómo te expresás cuando tu identidad ya es visible?
Fashiontinista Magazine · 8 de junio de 2026
No me pregunten cómo pero encontré, desvariada en el tiempo, una revista de diseño y sociología hindú llamada Svasa Life. Hay un artículo en la revista que amé y recomiendo leer entero que se llama A Tale of Fashion and Faith (2025). Comienza con una pregunta que el autor, Meghna Mathew, hace ¿Cómo te expresás cuando tu identidad ya es visible?
La pregunta la hace en el contexto de tres creativos sikh, un artista visual, un escultor y un diseñador de moda, que navegan la tensión entre fe y expresión personal. Un poco, y si nos ponemos a ver entre líneas, vemos los entrecruzamientos entre la tradición de una religión que es en sí misma una declaración de identidad. La pregunta es simple y demoledora al mismo tiempo. Y para alguien que viene del universo occidental de la moda (y también, es blanco, para qué mentir), donde la identidad es casi siempre un proyecto en construcción y raramente una herencia que se porta en el cuerpo todos los días, genera una incomodidad productiva.
Lo fuerte de todo esto es que los occidentales realizamos justamente la pregunta opuesta a la hora de hablar de moda: ¿Cómo me hago visible? ¿Cómo me construyo? ¿Qué me pongo encima para indicar quién soy o quién quiero ser? Y creo que es en esta síntesis conceptual y ontológica donde recaen justamente las consecuencias de la manera en la que consumimos ropa y cultura.
Lo que hace interesante el artículo de Svasa Life (y lo que me encantó) es que estos tres hombres no hablan de la fe como restricción. No es el relato occidental de la religión como límite, como prohibición, como algo de lo que hay que emanciparse para ser uno mismo.
Gurjeet, uno de los tres creativos, lo dice con una claridad que desestabiliza: “Mi fe es mi comodidad, y también lo es mi moda.” Es, en otras palabras, una equivalencia natural. Su fe sostiene su expresión.
Gurdev, el más irreverente de los tres, lleva esa lógica hasta el Camp. Cita a Susan Sontag. Se inspira en los Maharajás de Patiala, (para los pocos conocedores, son esos hombres del siglo XIX con piercings, joyas y siluetas suaves que la mirada contemporánea borró de su propia historia). “La hipermasculinidad es anti-arte”, dice. Y la fe, para él, es el archivo del que extrae, para fagocitarlo, releerlo y combatir el ethos del hombre sikh de hoy.
Sukh, el diseñador, lo formula con la frase que más me resonó de todo el artículo: “La fe te da esperanza, y la esperanza te da expresión creativa.” Una cadena causal, no restrictiva.
Si volvemos a nuestro propio rancho, no es para nada una novedad que Occidente lleva décadas procesando, con distintos grados de ansiedad, la pérdida de la fe como estructura colectiva. No me refiero exclusivamente a la religión organizada, aunque también. Sino a la pérdida de los grandes relatos que organizaban el sentido. La nación, la familia, la clase social, la religión, la ideología política. Todos esos marcos que le decían a una persona no solo quién era sino por qué importaba lo que hacía.
Lo que quedó en el lugar de esos marcos no fue, en la mayoría de los casos, una alternativa equivalente en densidad. Quedó el consumo.
Volviendo a Svasa Life, hay algo que me costó nombrar al principio y que ahora me parece central. El artículo de Meghna Mathew no habla de moda “a pesar de” la fe, ni viceversa. Ese vocabulario no existe fácilmente en el canon occidental de la moda. Tenemos diferentes conceptos que estructuran el metalenguaje de la industria, (podemos pensar acá en el lujo, la sostenibilidad, la identidad de género, la clase social, incluso la nostalgia). Pero la fe como motor creativo genuino y no como estética, no como apropiación de símbolos religiosos, sino como estructura viva desde la que se diseña y se viste, no existe.
Y la razón, creo, es la que señala Sukh cuando habla del complejo de inferioridad colonial que atraviesa a toda la cultura del sur de Asia: “siempre hemos tenido esa batalla constante de intentar salir de ahí.” Pero su observación va en doble sentido. Porque si el colonizado interiorizó la jerarquía, el colonizador también interiorizó la suya. Y parte de esa jerarquía es no poder reconocer como válidas (como profundas, como dignas de análisis) las formas de sentido que no caben en el vocabulario propio.
En ese sentido, la moda occidental no solo colonizó los guardarropas del mundo exportando estéticas y vocabulario, como discutimos antes en esta edición. También colonizó la manera de pensar qué cuenta como moda con significado y qué no.
Al final del artículo de Svasa Life, Mathew dice que sigue pensando en si la creencia es siempre conducida por la fe o si puede ser conducida por la expresión creativa. Es una pregunta honesta y abierta, sin resolución fácil. La mía es la inversa: ¿qué pasa cuando ya no hay fe que conduzca nada, cuando la expresión creativa queda flotando sin estructura que la sostenga?


